Casicuentos

CONFESIONES MARINAS

El cielo azulclaro brillaba, exultante y vanidoso. El sol quemaba como sólo lo hace en el Sur.
Sentarse en un banco del malecón de Barahona, frente a un mar en silencio y dispuesto a escuchar, hace que algunos olviden penas y tristezas y convoquen sueños y ambiciones.
Ayer Maritza se perdió mirando allá, allá lejos, deseando que sus penas, tristezas y vergüenzas se perdieran para siempre con la línea del horizonte.
El mar turquesa estaba tranquilo. Sólo escuchaba la historia de penas, tristezas y sueños de Maritza. Y también de su embarazo.
Lo confirmó el sábado, después de días inundados de lágrimas, de gritos mudos y silencios que todos en la casa oían pero que nadie escuchaba.
Frente al mar tranquilo, sorprendido y aterrado, la niña de 16 años recordaba esas manos grandes que mutilaron su vida. Primero la espalda, luego las nalgas…
Frente al mar, con el cielo azul brillante, ella aún sentía como él, sin compasión, le daba la vuelta. Ella, recuerda, se mantenía con los ojos cerrados y el cuerpo apretado… Sentía sus manos inmisericordes que, como serpiente venenosa, reptaban sobre su cuerpo, lista para engullirla. Las sentía en sus senos, en su vientre, en su pubis… ya no era la mano…
Y fue en ese instante cuando sintió el más profundo odio hacia su padre. (publicado el 17 de marzo 2009).

 

INCERTIDUMBRE

Fue un lunes de sufrimientos, de dolores infinitos. No tenía ganas de levantarse ese día que marcaba su vida en un antes y un después.  ¿Y ahora que?   Se levantó.  Caminó hacia la cocina,  buscó café y  puso la greca en la estupenda estufa que recién compraron en diciembre.  Su cara estaba mustia como una flor sin domesticar.   Su mirada caminaba lentamente de un lado a otro de su magnífico apartamento en la avenida Anacaona.  ¿Y ahora qué?  Vio su pasaporte y pensó en los sueños que ese lunes amanecieron rotos,  esparcidos  en su cabeza, en su cerebro.  Y pensó en él  y en cuánto  cambiarían las cosas a partir de ahora.  La certeza era insoportable.  Cuando él salía de  su casa (poco después de que su esposa se marchaba a dejar los niños en el colegio para después ir a cualquier reunión Círculo de Esposas),  siempre la mandaba a buscar con el raso que era su chófer  para que desayunaran juntos en la Secretaría.  Allí le daba dinero para sus gastos y caprichos. Y tenían  planes, muchos planes. Pero este lunes él amaneció en retiro y sin funciones. Y a ella un pensamiento le martillaba la cabeza ¿y ahora que? ¿De qué vive la querida de un general retirado? (Publicado el 3 de marzo 2009).

3 respuestas a “Casicuentos

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