Confesiones marinas

El cielo azulclaro brillaba, exultante y vanidoso. El sol quemaba como sólo lo hace en el Sur.
Sentarse en un banco del malecón de Barahona, frente a un mar en silencio y dispuesto a escuchar, hace que algunos olviden penas y tristezas y convoquen sueños y ambiciones.
Ayer Maritza se perdió mirando allá, allá lejos, deseando que sus penas, tristezas y vergüenzas se perdieran para siempre con la línea del horizonte.
El mar turquesa estaba tranquilo. Sólo escuchaba la historia de penas, tristezas y sueños de Maritza. Y también de su embarazo.
Lo confirmó el sábado, después de días inundados de lágrimas, de gritos mudos y silencios que todos en la casa oían pero que nadie escuchaba.
Frente al mar tranquilo, sorprendido y aterrado, la niña de 16 años recordaba esas manos grandes que mutilaron su vida. Primero la espalda, luego las nalgas…
Frente al mar, con el cielo azul brillante, ella aún sentía como él, sin compasión, le daba la vuelta. Ella, recuerda, se mantenía con los ojos cerrados y el cuerpo apretado… Sentía sus manos inmisericordes que, como serpiente venenosa, reptaban sobre su cuerpo, lista para engullirla. Las sentía en sus senos, en su vientre, en su pubis… ya no era la mano…
Y fue en ese instante cuando sintió el más profundo odio hacia su padre.

Otro casicuento:   https://mujeresyderechoshumanos.wordpress.com/2009/03/03/incertidumbre/

12 respuestas a “Confesiones marinas

  1. Itania
    Que triste historia y que hermosa manera de contarla. Te mando un abrazo.
    Vianco

  2. Itania maria , esta muy interesante ese relato.
    y tu manera de expresarlo mucho mejor. encantan que hayan personas como tu con la capacidad de escribir algo tan delicado; de una manera tan diferente.

    soy jenniffer peguero la asistente de gelen gil.

    Besos, bye

  3. Wao!, ha sido tan gráfico que me ha dolido el alma.
    Wao! otra vez porque la pena es que la realidad no va nada lejos de tu casicuento, que es un retrato de lo que callan muchas hijas y llegan a la madurez sufriendo una desgarradora historia como ésta que hoy leemos, mientras ellas sufren en silencio o bien sus vastagos en su presente y futuro.
    Ay dio’ ! me emocioné.

  4. Gracias por sus comentarios!
    Es un privilegio que Palabras Libres tenga visitantes como ustedes.
    Es un relato triste, pero tan cotidiano! Y lo más doloroso es que muchos y muchas vivimos de espalda a esta realidad y que la Justicia sólo dicte penas de 10 y 20 añitos para los monstruos autores de tragedias como mi personaje de ficción, como Maritza.
    Un fuerte abrazo y gracias de nuevo!

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