A Miguelina

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Ella era toda sonrisa. Una negra coqueta con una dentadura de perlas y unos ojos tan grandes y brillantes, que más bien parecían dos soles.
Miguelina y yo nos conocíamos desde adolescentes. Su tía, Altagracia, era la dueña del salón de belleza que yo asistía desde mis 15 años
Le fascinaban las salsas de Raulín Rosendo (verde pintona madura, la guayaba es la mejor…). Nos hicimos cómplices y nos contábamos nuestras vidas con lujos de detalle. Se casó jovencísima. Conoció un hombre, joven como ella. Confiada, enamorada e ilusionada pensó que era lo mejor que le había pasado en la vida.
Un par de años después Miguela comenzó a salirle algo raro en la piel. Una especie de salpullido escamoso en todo el cuerpo y especialmente en la cara. Comenzó adelgazar. Todavía éramos felices. Cero sospechas. Sábados de pasadía en el salón, donde yo era ya de la familia, y ella irremediablemente terminaba cocinándome uno de mis platos favoritos y que ella lo hacia como nadie: fritos verdes con chuletas y cebollas con limón…
Todo fue muy rápido e insospechado. En el hospital Francisco Moscoso Puello fue diagnosticada con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Y ya no había tiempo. Febrero de 1999, mi amiga murió. Su esposo la había contagiado.
La recuerdo en el ataúd. Sus grandes ojos cerrados, su pelo que se le había caído, empezada a nacer y en sus labios, casi se dibuja una sonrisa. Estaba en paz. Con la muerte de Miguelina, conocí el Sida de la manera más dolorosa posible.
Hoy día hay millones de personas que el Sida le ha llevado a su madre, su padre, hijo, hija, hermano, hermana, amiga, amigo…
Hoy muchos viven con tristeza este primero de diciembre. Pero pienso que hoy también debe ser un día de esperanza. Desde los primeros casos (en nuestro país en 1982) hasta hoy día es mucho lo que se ha avanzado en el tratamiento y en la prevención. Es una buena razón para echar mano de la esperanza.

2 respuestas a “A Miguelina

  1. Descubrir esta epidemia de una manera tan dolorosa como cuentas en tu conmovedora historia, debe movernos a pensar en lo importante que es la educación para los más jóvenes en las casas y en las escuelas. Lo importante que es desmitificar esta enfermedad. Lo importante que es cuidarnos, pero sobre todo, lo importante de ser solidarios con quienes la han contraído, dándoles cabida en la vida diaria.

  2. Un dia para crear conciencia a la humanidad, es triste ver cuantos jovenes mueren a causa de esta terrible enfermedad.

    Para muchos esto no es mas que un mito, pero la gruda verdad es una realidad que hoy dia tenemos que enfrentar por no pensar antes de que las cosas ocurran.

    Creo que debemos ayudar a nuestra juventud a protegerse, a amar la vida, ya que es solo una, y ha ayudar las personas que viven con esta enfermedad para darle aliento de que se puede seguir hacia delante con o sin ella, aunque de seguro debe ser dificil.

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