El diccionario del Diablo

Me fascina. Con sus definiciones cínicas,  mordaces, divertidas y ciertas, hacen pensar que fue escrito ayer.  Su primera edición fue en 1911 y se debe al genio de  Ambrose Bierce, periodista, maestro  de la ironía y de los cuentos de terror.

Algo que me sorprende es su impecable descripción de políticos, religiosos, militares…   Es un  “diccionario” que demuestra que a pesar del nuevo siglo,  de la tecnología, los descubrimientos  científicos,  el ser humano,  en esencia, sigue siendo el mismo.

 A continuación algunos ejemplos de verdades dichas con humor  y a prueba de siglos:

 Aire, s. Sustancia nutritiva con que la generosa Providencia engorda a los pobres.

Alá, s. El Supremo Ser Mahometano por oposición al Supremo Ser Cristiano, Judío, etc.

Ayer,  s. Infancia de la juventud, juventud de la madurez, el pasado entero de la ancianidad.

Acusar, v.t   Afirmar la culpa o indignidad de otro; generalmente, para justificarnos por haberle causado algún daño.

Adherente, s. Secuaz que todavía no ha obtenido lo que espera. (Cualquier parecido con miembros de partidos aliados, es pura coincidencia).

Administración, s. En política, ingeniosa abstracción destinada a recibir las bofetadas o puntapiés que merecen el primer ministro o el presidente. Hombre de paja a prueba de huevos podridos y rechiflas.

Arzobispo, s. Dignatario eclesiástico un punto más santo que un obispo.

Clérigo, s. Hombre que se encarga de administrar nuestros negocios espirituales, como método de favorecer sus negocios temporales.

Cónsul, s. En política americana, persona que no habiendo podido obtener un cargo público por elección del pueblo, lo consigue del gobierno a condición de abandonar el país.

Dentista, s. Prestidigitador que nos pone una clase de metal en la boca y nos saca otra clase de metal del bolsillo.

Egoísta, s. Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí.

Epitafio, s. Inscripción que, en una tumba, demuestra que las virtudes adquiridas por la muerte tienen un efecto retroactivo.

Hábeas Corpus, s. Recurso judicial que permite sacar a un hombre de la cárcel cuando lo han encerrado por el delito que no cometió, y no por los que realmente cometió.

Diplomacia, s. Arte de mentir en nombre del país.

Ignorante, s. Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted posee, y sabedora de otras cosas que usted ignora.

Justicia, s. Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.

Monseñor, s. Alto título eclesiástico, en cuyas ventajas no reparó el fundador de nuestra religión.

Nepotismo, s. Práctica que consiste en designar a la propia abuela para un cargo público, por el bien del partido.

Patriota, s. El que considera superiores los intereses de la parte a los intereses del todo. Juguete de políticos e instrumento de conquistadores.

Política, s. Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado.

Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.

 Candidato, s. Caballero modesto que renuncia a la distinción de la vida privada y busca afanosamente la honorable oscuridad de la función pública.

Bruto, s. Ver Marido.

Amnistía, s. Magnanimidad del Estado para con aquellos delincuentes a los que costaría demasiado castigar. (¿Dónde están los jueces de la Cámara de Cuentas?)

Arquitecto, s. El que traza los planos de nuestra casa y planea el destrozo de nuestras finanzas.

Policía, s. Fuerza armada destinada a asegurar la protección al expolio.

Cabo, s. Hombre que ocupa el último peldaño de la escalera militar; cuando un cabo cae en combate, el golpe es menor.  

Diario íntimo, s. Registro cotidiano de aquellos episodios de la vida que uno puede contarse a si mismo sin sonrojo. 

Diccionario, s. Perverso artificio literario que paraliza el crecimiento de una lengua además de quitarle soltura y elasticidad. El presente diccionario, sin embargo, es una obra útil.

SI QUIERES LEER MÁS  CÍNICAS, CERTERAS Y SOBRE TODO ACTUALES DEFINICIONES,  HAZ CLICK EN    “YA LO TENGO”              Y        “DEL DICCIONARIO DEL DIABLO (PARA PETERSON)”

8 respuestas a “El diccionario del Diablo

  1. Jajaja este tipo me mata, con sus verdades que dan ciertas b0fetadas sobre todo a la santa madre y corrupta iglesia.

    Muy cierto la definición de Clérigo y de Diplomacia.

    Esto debe publicarse en los medios impresos nacionales a ver si remueve un poco los aires de glorias que ellos tantos los politicos como los religiosos obtentan tener.

  2. Dios pero este diccionario fue escrito a la perfección para esto que estamos viviendo, me encanto!!! Y eso que fue escrito hace muchoooooooooo, creo que Ambrose predijo en su diccionario la verdad de estos tiempos

  3. estubo maga genial tu respuesta am… creo no hay nada mas que buscar si todop esta concreto mil gracias

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