Lo que pasó en el Teatro Nacional

Por Yulendys Jorge (www.respiroquieto.blogspot.com)

  Vianco Martínez, periodista dominicano, se enteró hace un mes de que el cantautor Pedro Guerra estaría en República Dominicana. Tan pronto lo supo, comenzó a gestionar una entrevista que incluiría en un libro sobre este género y para el cual ya cuenta con varios cuestionarios que han tenido mejor fin que lo ocurrido la noche del sábado 23 de agosto en el Teatro Nacional.

 

 

 

Entre las personalidades del ámbito artístico que han conversado con Vianco Martínez para el libro están, Gilberto Santa Rosa, José Alberto -El Canario-, Alberto Cortés, Danny Rivera, Amaury Pérez, Ysmael Miranda, Pablo Milanés, Odilio González, conocido como El Jibarito de Lares…

La última entrevista ofrecida por el compositor y músico cubano Israel –Cachao- López antes de morir la tiene Vianco Martínez, quien la mañana del sábado en cuestión también fue recibido por el saxofonista cubano Paquito D’Ribera en el hotel donde se hospedaba en Santo Domingo.

Durante el mes que transcurrió previo a la llegada de Pedro Guerra al país, Vianco Martínez empezó a recabar informaciones de la trayectoria del cantautor, así como de su música para elaborar un cuestionario con los temas que trataría con Guerra en caso de que lograra concertar la entrevista, para lo cual hizo contacto con colegas y fuentes. Una de esas fuentes identificó al periodista el hotel donde se hospedaba Guerra y su esposa.

Para gratificación de Vianco Martínez, cuando llegó al lobby del hotel, el cantautor y su esposa “María” se encontraban allí. Tras identificarse y especificarle a ambos su interés de que el artista estuviera incluido en su libro, tanto Guerra como María citaron a Vianco a las 7:00 p.m. en el Teatro Nacional porque en ese momento se sentían “cansados”. “Cuando afinemos los instrumentos, antes del concierto que será a las 8:30p.m. le daremos la entrevista”.

Vianco Martínez fue puntual. Se le acercó a María en el Teatro, y ésta, tras reconocerlo y recordar la cita que había ofrecido en el hotel previamente, le dice a Vianco: “Espere un momento aquí. Él (Pedro Guerra) está terminando una entrevista con una periodista (Luz García), luego afinará los instrumentos y su voz, y vendrá para darle la entrevista”.

Momentos después que se marcha María, entra en la escena Rafael Vargas, quien se identificó como parte de la seguridad de Symon Díaz y pide a Vianco Martínez que se retirara espetándole “aquí no puede haber periodistas”. Vianco Martínez se identifica y le explica que los esposos españoles le habían citado, que María le pidió que le esperara para entrevistar a Pedro Guerra.

Vargas le dice que Guerra no puede dar entrevista porque habían dado una exclusiva. Vianco le responde que lo de la exclusiva no era problema porque la entrevista se publicaría mucho más adelante en un libro, que no es para un medio de comunicación.

    También intenta llamar a Symon Díaz al celular para explicarle, pero no fue posible; luego llama a una colega vinculada con el empresario artístico para que explique a Vargas, pero éste le responde a Vianco que no tiene que ver con eso y lo amenaza con sacarlo a patadas. Esto lo cumple Josué Vargas, agarrando a Vianco por el cuello, retorciéndole el brazo izquierdo hasta colocárselo detrás de la espalda y luego arrastrarlo por la sala del Teatro hasta el parqueo lateral orientado hacia la calle Pedro Henríquez Ureña, no sin antes arrebatarles su grabadora y celular para estrellarlos contra el suelo.

Rafael Vargas es hermano del artista dominicano Wilfrido Vargas, y Josué sobrino de éste. Tiene una compañía de seguridad llamada Centauro que ofrece servicios al empresario Symon Díaz. Una fuente periodística dijo a Vianco en el parqueo la noche del sábado que Symon Díaz estaba en el lugar cuando ocurrió el atropello, pero esto no ha podido ser confirmado.

Un periodista asiste al Teatro Nacional a concretar una entrevista, y un empresario del área de seguridad –que no pertenece al TN- se atribuye la potestad de discriminar quién puede estar o no estar en una sala pública de una institución pública como lo es la sala principal del Teatro Nacional.

Un empresario de seguridad por orden de un superior que aún está por identificarse y que no pertenece a la dirigencia del Teatro Nacional – los únicos que tienen derecho a ejercer la autoridad de manera civilizada en el escenario que administran- saca por la fuerza bruta a un individuo atropellando los derechos individuales de la persona y mancillando la dignidad e integridad de un ser humano.

La voz está dada, la denuncia implementada, y ahora sabremos quién es quién. El Teatro Nacional debe responder públicamente y las autoridades judiciales también ante la gestión que ya ha puesto en marcha el periodista por vía de las leyes dominicanas.

Lo sucedido en el Teatro Nacional la noche del sábado 23 de agosto no es el primer caso. Ya hay antecedentes de estos atropellos de parte del personal que colabora con el empresario Symon Díaz, según se ha denunciado. Como también ha salido a relucir las papeletas que el poder – en este caso empresarial- circula para acallar a periodistas o amortiguar la gravedad de lo evidente.

Este caso debe sentar un precedente. Ahora sabremos quién es quién.

 

 

 

 

 

 

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